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lunes, 3 de agosto de 2009

El conocimiento de las bases económicas de nuestro desarrollo cultural

Knowledge of the Economical Foundation of our Cultural Development of our Cultural Development

¿Se estimula la productividad, el crecimiento económico y la competitividad de un país si se intensifican los niveles de acceso y participación cultural?, ¿la cultura puede inducir al incremento de la calidad del progreso económico y social?, y aún más, ¿mejora los niveles e índices del desarrollo cultural, y por tanto su repercusión en los índices del desarrollo humano, si incrementamos el financiamiento público cultural?, ¿varían los niveles de equidad si se transforman las capacidades culturales y comunicacionales de un país?

Es evidente, que estas interrogantes se producen como consecuencia de las restricciones del enfoque convencional neoclásico acerca de las conexiones que operan entre la economía, cultura y comunicación. Vale decir, la rentabilidad de la inversión pública en el sector cultural como problema común de todas las vertientes que han relacionado cultura y economía y, la legitimidad que tiene como sector creador de empleo y valor agregado, no puede justificarse, sino por el valor intrínseco de la cultura. Ese valor intrínseco debe ser encontrado dentro de una relación más amplia, que ubique a la cultura como un componente indispensable no sólo del crecimiento, sino del desarrollo humano. Para ello, nos dirá el filosofo y antropólogo mexicano, García Canclini (2002: p. 60), «(…) es necesario distinguir en qué sentido la nueva articulación entre mercancías y significados contribuyen al desarrollo, de distinto modo en los países centrales y periféricos».

Y, en gran medida, esta dificultad obedece a que los estudios referidos a la dinámica económica de la cultura y el arte son relativamente recientes. Es importante destacar, que aunque las relaciones entre las disciplinas ocampos de economía y cultura han sido poco exploradas en el pensamiento social venezolano así como en la formulación de políticas culturales, ya desde 1981 siendo Luis Pastori, Ministro de Estado para la Cultura, se comenzaba a examinar este tema como consulta política para una agenda pública cultural en el estudio titulado: «Desarrollo Económico y Cultura. Proposiciones sobre Política Cultural». Sin embargo, han transcurrido dieciséis años desde que el filosofo venezolano Antonio Pasquali, escribiera en su libro titulado «La Comunicación cercenada. El caso de Venezuela»

Si añadimos el hecho de que en ninguna Universidad Nacional se estudia la Economía de la Cultura y la Comunicación (...), y de que el aparato estatal, desprovisto de una política de comunicación, carece a fortiori de toda institución de reflexión y seguimiento del problema, se verá en qué estado de indigencia informativa somos tenidos (1990: p. 8).

Adicional, nos encontramos, que no existen datos desagregados relativos a las características generales de la extensión así como el volumen de las actividades económicas relacionadas con el sector cultural y creativo; el ocio como materia de negocios, sobre las industrias y actividades protegidas por el derecho de autor y los derechos conexos en general (copyright industries), las industrias de la creación (creative industries) y, en particular, sobre las industrias culturales y comunicacionales, desconocidos e infraexplotados por los poderes públicos; de igual modo, omitimos las actividades relacionadas con la pequeña y mediana empresa (PyMEs), las empresas artesanales, nuevas tecnologías, el audiovisual y la sociedad de la información, lo cual dificulta la puesta en práctica de sistemas estadísticos culturales, nacionales y regionales, capaces de suministrar información sobre aquellos aspectos culturales susceptibles de ser cuantificados periódicamente y de apoyar el correspondiente proceso de elaboración y gestión de políticas culturales.

Frente a este escenario, no sólo de Venezuela sino de algunos países latinoamericanos, García Canclini (2002: pp. 57, 67), nos señala:

Así como no saldremos del subdesarrollo sin aumentos sustanciales de la inversión en ciencia y tecnología, no podemos esperar que las voces y las imágenes de lo latinoamericano sean otras que las del realismo mágico difundido por editoriales europeas y nuestra descomposición social filmada en los noticieros de CNN o en las películas hollywoodenses sobre narcotraficantes si no modificamos la articulación de investigaciones culturales, políticas culturales y comunicacionales. (...) Hacer políticas culturales y de integración en medio de las nuevas formas de privatización transnacional exige repensar tanto el Estado como al mercado, y la relación de ambos con la creatividad cultural».

En afinidad, la importancia creciente de la cultura y la comunicación está estrechamente vinculada a un significativo proceso de transformación económica, que podemos condensar en la transición hacia una economía basada en el conocimiento, la innovación y gestión de los intangibles. Como consecuencia del impacto económico de las industrias culturales y comunicacionales, y en la medida en que nos señalaban algunos estudios pioneros en Latinoamérica que estamos frente a un sector solvente y productivo, desde hace diez años comenzó a ser examinada la economía de la cultura por organismos de cooperación multilateral, bilateral, regional y en diversos espacios nacionales y académicos.

Dicha preocupación por indagar las relaciones entre economía y cultura para el caso de los países latinoamericanos, se ha visto reflejada en algunos seminarios y estudios de carácter regional que pudieron reconocer las perspectivas de lo que significa el impacto de la cultura y la comunicación en la economía latinoamericana. En el caso del Instituto de Investigaciones de la Comunicación (ININCO) de la Universidad Central de Venezuela, se viene trabajando la línea «Sociedad de la Información, Política y Economía de la Comunicación y la Cultura». Así, la Economía de la Cultura y la Comunicación tendrá entonces, entre sus temas más importantes, aspectos como la intervención pública en la promoción y difusión de la cultura, el impacto económico de la cultura, el precio de los bienes artísticos, el funcionamiento de instituciones culturales como los museos, los teatros, las óperas etc., las carreras profesionales de los artistas, el comportamiento de las industrias culturales (música, audiovisual, edición de textos), la relación entre cultura y desarrollo, etc.

Soc. Mgs. Carlos Enrique Guzmán Cárdenas
Director Editor Anuario ININCO / Investigaciones de la Comunicación
ISSN: 0798-2992 / Depósito legal: pp198908DF26
Coordinador General de la línea de investigación "Sociedad de la Información, Política y Economía de la Comunicación y la Cultura"
"Society of the Information, Politics and Economy of the Communication and the Culture"
Instituto de Investigaciones de la Comunicación UCV-FHE. Avenida Neverí, CC Los Chaguaramos Piso 3. Los Chaguaramos. Caracas. Distrito Capital. República Bolivariana de Venezuela.
Apartado correos 47.339 Caracas 1041-A
Fax +58 212 6813831
messenger: innovarium@hotmail.com
Celular +58 412 0285538

Las industrias creativas y culturales se encuentran en el corazón de la economía creativa.


The Creative and Cultural Industries are in the heart of the creative economy.
En la última década se ha generado una creciente afirmación sobre la importancia que tienen las industrias creativas y culturales como sector potenciador del desarrollo económico de las regiones o países. La tesis central de esta declaración es que “la creatividad, el conocimiento y el acceso a la información son cada vez más reconocidos como potentes motores del crecimiento económico y de la promoción del desarrollo en un mundo que se globaliza” (UNCTAD, 2008: p. 61). Se empieza ya a considerar muy seriamente que la creatividad y la innovación se han convertido en las fuerzas impulsoras de nuestra economía y sociedad. En este mundo globalizado nuestro futuro se apoyaría en nuestra capacidad de crear. Por lo tanto, las sociedades necesitan consolidar su capital creativo. En este contexto, el advenimiento de una economía creativa estaría provocando que emerjan prácticas que conjugan innovación (creatividad tecnológica), emprendizaje (creatividad económica) y creación (creatividad artística y cultural), como elementos combinatorios cada vez más pujantes constituyéndose así como verdaderos creadores de valor (CALZADA Igor, 2006).

Pero a qué nos referimos con ¿Economía Creativa? A todos aquellos sectores y actividades emergentes que están surgiendo en las economías avanzadas con base al sector servicios y la innovación permanente. Implica un desplazamiento fuera de los modelos convencionales y hacia un modelo multidisciplinario que abarca la interfaz entre economía, cultura y tecnología, y focalizado en la predominancia de los servicios y del contenido creativo.

Estos nuevos sectores emergentes, que se han dado a conocer como Industrias Creativas (que no simplemente Culturales), comprenden todas aquellas actividades que se generan desde la combinatoria o la intersección entre tres ámbitos disciplinarios: Arte/Cultura; Empresa/Innovación y Ciencia/Tecnología (UNCTAD, 2004). Las “industrias creativas” pueden definirse como los ciclos de creación, producción y distribución de bienes y servicios que utilizan creatividad y capital intelectual como insumos primarios. Ellas abrazan un conjunto de actividades basadas en el conocimiento y que producen bienes y servicios intelectuales o artísticos tangibles y de contenido creativo, valor económico y objetivos de mercado. Esquemáticamente descriptas, las industrias creativas se encuentran en la intersección entre el arte, la cultura, los negocios y la tecnología. Abarcarían un campo vasto y heterogéneo que engloba la interacción entre varias actividades creativas desde las artes y artesanías tradicionales, la imprenta, la música y las artes visuales y dramáticas, hasta grupos de actividades tecnológicas y orientadas a servicios, tales como la industria cinematográfica, la televisión y la radio, los nuevos medios y el diseño.

Por otra parte, el término Industrias Culturales está asociado, desde medio siglo atrás, a las empresas de producción y comercialización de bienes y servicios culturales, destinados a su difusión y comercialización en amplios sectores de la población. Su función es la de producir (“fabricar”) mercancías o servicios de carácter cultural (libros, discos, películas, emisiones de radio, programas de TV, etc.) destinadas específicamente a difundir y reproducir en términos de prototipo o de serialización determinados contenidos simbólicos (obras literarias, obras musicales, obras cinematográficas, obras televisivas, información, etc.). Posteriores definiciones aclaran más el concepto, cuando se aborda a estas industrias, como un “conjunto de ramas, segmentos y actividades auxiliares industriales productoras y distribuidoras de mercancías con contenidos simbólicos, concebidas para un trabajo creativo, organizadas por un capital que se valoriza y destinadas finalmente a los mercados de consumo, con una función de reproducción ideológica y social” (BUSTAMANTE Enrique y Ramón ZALLO, 1988). Precisamente, el reconocimiento de esta dualidad: mercancía como dimensión económica y contenidos simbólicos -libro/obra literaria; disco/obra musical, película/obra cinematográfica, etc.- nos permite visualizar de manera integral los componentes económicos e industriales, así como ideológicos y culturales, que están presentes en todo producto originado en las industrias culturales.

De acuerdo con algunas de las experiencias revisadas, las industrias culturales serían un subconjunto de las industrias creativas, debido a que comparten sus características de creación, sistema de producción, generación de derechos de copia, y su potencial para producir impactos económicos positivos. La diferencia entre ambas está en el hecho de que los productos de las industrias culturales propiamente dichas tienen un significado social y cultural, un contenido simbólico superior a su valor de uso.

Luego parece ser, cada vez mayor, que el futuro de las economías avanzadas se va a sustentar en generar y promocionar a sus Industrias Creativas y Culturales. Las industrias creativas se han convertido en un sector líder para las economías de numerosos países con índices de crecimiento anual que se sitúan entre el 5% y el 20%. Es claro que los países “desarrollados” aún dominan el mercado mundial de productos creativos. Sin embargo, muchos países en “vías de desarrollo” ya se benefician de la prosperidad repentina de las industrias creativas, particularmente en Asia. Desafortunadamente, la gran mayoría de los países en “vías de desarrollo” aún no han logrado realmente aprovechar sus capacidades creativas para fomentar a través de políticas públicas, principalmente culturales y comunicacionales, su desarrollo. No obstante, todavía queda mucho por hacer, y numerosos estudios permiten afirmar que dichas industrias son uno de los que mayores oportunidades de negocio y empleo presentan para las economías latinoamericanas.

Aparte del Reino Unido, algunas de las experiencias más documentadas son las de USA, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Corea, Singapur, y Hong Kong, los países miembros de la Unión Europea, del MERCOSUR y del Convenio Andrés Bello (CAB). Otras experiencias menos documentadas pero que presentan propuestas interesantes son las realizadas en Rusia para la ciudad de San Petersburgo, en Escocia, Japón, Taiwán, Tailandia, Malasia, Indonesia, Sudáfrica y México. La mayoría de las experiencias realizadas en estos países tienen cobertura nacional. Entre los países de la Unión Europea, se han adelantado estudios del sector creativo en Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Holanda, Portugal, España y Suecia.

El reto entonces es aprovechar al máximo este potencial económico de crecimiento y desarrollo en un marco de respeto de nuestra identidad y de nuestra diversidad cultural. En cuanto a América Latina, tanto los países de Mercosur como los que forman parte del Convenio Andrés Bello (CAB) han venido trabajando en el tema. En los primeros (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) se han realizado estudios sobre la importancia económica de las industrias y actividades protegidas por el derecho de autor y los derechos conexos (IPDA). Por su parte, algunos de los países del Convenio Andrés Bello vienen adelantando desde finales de los noventa el proyecto Economía y Cultura. En el marco de este proyecto se desarrolló una serie de estudios para Bolivia (2006), Chile y Colombia (2003), Perú y Venezuela (2005). En el caso de nuestro país la investigación fue coordinada y realizada por Carlos Guzmán Cárdenas, bajo el título de “La dinámica de la cultura en Venezuela y su contribución al PIB”, publicado en la Colección Economía y Cultura N° 10 del Convenio Andrés Bello en 2005.