En el caso de los estudios sobre consumo cultural en Latinoamérica, se ha generado una reflexión teórica respecto a los modos en que los públicos ven, escuchan y leen, a los usos que le dan a los bienes culturales y, a las maneras en que ellos relacionan esos bienes con su vida cotidiana. Diariamente los latinoamericanos disfrutan de la música, siguen las incidencias de la televisión, escuchan radio. Pero también leen periódicos y libros, asisten a cine o a teatro, ven exposiciones o se comunican por Internet. Sin embargo este disfrute de la cultura no es igual para todos. Los más pobres, los habitantes de regiones o provincias y los adultos mayores suelen estar excluidos del consumo de bienes y servicios culturales. En algunos casos, como el acceso a Internet y en general a las tecnologías de la información y la comunicación, la brecha entre ricos y pobres es literalmente abismal. A la exclusión de las oportunidades económicas o de la participación política se suman en nuestro continente graves problemas de inequidad cultural. Por lo demás, la consolidación de los estudios sobre consumo cultural ha sido poco contundente, ya que, en la mayoría de los países latinoamericanos no existe un ordenamiento sistemático y comparativo de las estadísticas culturales, ni algún organismo dedicado al estudio de este campo.A pesar de ello, algunos países latinoamericanos, en el marco de la formulación de políticas públicas culturales, están trabajando por resolver esta situación con la aplicación de Encuestas Nacionales de Consumo Cultural, siendo especialmente relevante el caso de México (2003), Argentina (2005) y Chile (2004-2005) y, en menor medida, de Uruguay (2002) y Venezuela (2003). Nos encontramos así ante un área de muy reciente impulso, prolífica no tanto en la cantidad de investigaciones pero sí en la diversidad de vetas que se han explorado y en las metodologías puestas en práctica. Los impulsos para el desarrollo de las exploraciones sobre consumo cultural han provenido fundamentalmente de tres ámbitos: instituciones gubernamentales de cultura (Ministerios de Cultura y Consejos de Artes), espacios académicos (Universidades e Institutos de Investigación) e industrias culturales, fundamentalmente de agencias de mercadeo y publicidad. En el ámbito académico, destacan las investigaciones realizadas por Néstor García Canclini, Ana Rosas Mantecón, Mabel Piccini, Graciela Schmilchuk, Mónica Álvarez Rodríguez (México); Jesús Martín-Barbero, Sonia Muñoz, Helena Useche Aldana y Germán Rey (Colombia); Víctor Fernández Blanco, Juan Prieto Rodríguez, Cristina Muñiz Artime, Rubén Gutiérrez Del Castillo, Jordi López Sintas y Ercilia García Álvarez (España); Marcelino Bisbal, Pasquale Nicodemo, Tulio Hernández, Carlos Guzmán Cárdenas, Natalia Sánchez y Emilia Bermúdez (Venezuela), Guillermo Sunkel, José Joaquín Brunner, Alicia Barrios, Carlos Catalán y Pablo Torche (Chile); Hugo Achugar, Sandra Rapetti, Susana Dominzain y Rosario Radakovich (Uruguay).
No obstante, tal como señala la antropóloga e investigadora mexicana, Ana Rosas Mantecón (2004)
«A pesar de los importantes avances realizados en los últimos años en términos de construcción teórica y de líneas de investigación, el estudio del consumo cultural se sigue planteando como un doble desafío: teórico, porque no se ha construido aún un enfoque transversal capaz de describir y explicar los procesos de consumo cultural, que son regulados por racionalidades diversas (económicas, políticas, simbólicas) y que se encuentran íntimamente vinculados a una gama amplia de prácticas y fenómenos sociales que los atraviesan y condicionan; metodológico también, puesto que no se han evaluado suficientemente los alcances y límites de la aplicación de técnicas cualitativas (como la entrevista individual y grupal, la historia de vida y el relato, el análisis del discurso, la observación participante, etc.) y cuantitativas (la encuesta)».
Y, en ese orden, apropiándonos de algunas de las tesis de Ana Rosas Mantecón sobre este tema, podemos señalar que en el caso de Venezuela, no significa que se trate de una línea de investigación inédita o por construir, sino más bien de una incorporación tardía de nuestras Universidades al debate mundial, en el que destacan las propuestas teóricas de los estudios críticos culturales a partir de las cuales se conforma una aproximación al objeto y campo de estudio de la Teoría de la Comunicación, así como la sociología de la cultura de Pierre Bourdieu, la invención de lo cotidiano de Michel de Certeau, la vida social de las cosas de Arjun Appadurai, los determinantes de la demanda cultural de Xavier Dupuis y Francois Rouet, Mary Douglas y Baron Isherwood, hibridación y consumo cultural de Néstor García Canclini, matrices culturales y uso social de los medios de Jesús Martín Barbero, entre otros.No existe ningún espacio académico en el país dedicado específicamente a la formación de profesionales en este terreno. De igual modo, no se cuenta con especialistas en los centros de investigación pertenecientes al Ministerio de Cultura-CONAC lo que dificulta la definición de políticas culturales coherentes, y en los Institutos de Investigación Social de nuestras principales Universidades a lo largo de los años noventa del siglo XX y estos primeros del dos mil, se han producido intentos aislados pero no se ha logrado continuidad y seguimiento para realizar este tipo de estudios, cuya naturaleza es esencialmente interdisciplinaria (sociología de la cultura, antropología social, semiótica, estética de la recepción, estadística, comunicación, psicología social, etcétera). Puede advertirse, por consiguiente, que el análisis del consumo y demanda de bienes, servicios y actividades culturales; las prácticas, hábitos, preferencias y comportamientos del consumidor cultural, ligados a valores simbólicos entre cuyas características destaca la inmaterialidad o la «espiritualidad» como atractivos dominantes, resulta caracterizado por una especial importancia epistemológica para las Ciencias Sociales, y, en particular, para una Comunicología posible, por conocer las imágenes e imaginarios en virtud de las cuales una sociedad se reproduce, tomando en cuenta los perfiles de identidades a través de la cual se reconoce a «sí misma» y cambia, a fin de instrumentar este conocimiento para la práctica democrática de una política cultural y comunicacional.
Soc. Mgs. Carlos Enrique Guzmán Cárdenas
Director Editor Anuario ININCO / Investigaciones de la Comunicación
ISSN: 0798-2992 / Depósito legal: pp198908DF26
Coordinador General de la línea de investigación "Sociedad de la Información, Política y Economía de la Comunicación y la Cultura"
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"Society of the Information, Politics and Economy of the Communication and the Culture"
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